sábado, 17 de abril de 2010

** NO E:XISTEN LAS CASUALIDADES: "SINCRONÍAS"

Todo es Sincronicidad

¿Has experimentado alguna vez el placer de encontrar a la persona exacta que necesitabas aparecida de la nada?,

¿o recibiste la llamada de alguien del pasado de la que apenas unas horas antes te habías acordado sin motivo aparente?,

¿o ese libro que encontraste al azar que responde a la duda que te tenía bloqueado?

Eso no es casualidad es Sincronicidad...


La sincronicidad nos representa en el plano físico la idea o solución que mora en la mente de la manera más fácil y sin apenas esfuerzo. Se trata de vivir el mayor tiempo posible en ese “fluir” que hace que la vida parezca una aventura permanente, un viaje de descubrimiento constante sobre uno mismo, sobre los demás y el universo. Decir sincronicidad es lo mismo que decir magia.

Sincronicidad es un término originariamente acuñado por Jung que se refiere a la unión de los acontecimientos interiores y exteriores de un modo que no se puede explicar pero que tiene sentido para el observador, es decir, ese tipo de eventos en nuestra vida que solemos achacar a la casualidad, a la suerte, o a la magia.

La simbología y el sentido de estos acontecimientos nos da el mensaje exacto que el universo representa para nosotros igual que si fuera una sesión de cine particular. Las ideas poseen una vibración, a otros niveles tienen forma y color que hace que atraigan lo análogo. Al atraer lo que se le asemeja podemos leer en la materia lo que realmente pensamos sobre nosotros mismos y del universo, y tomar decisiones sobre lo que deseamos ver convertido en realidad y lo que no.


Pero entonces diríais ¿y porque no vivimos permanentemente en ese estado idílico en el que todo se resuelve, en el que la información fluye, en el que si fuera verdad seríamos como pequeños dioses creando
lo que se nos antojara?


Pues siempre depende de que en la mente haya mensajes positivos, y emociones bondadosas en el corazón, normalmente experimentamos desde la idea preconcebida y decidimos luego que sentir por ella, emitimos un juicio antes de que la realidad se presente y hace que no veamos lo que es sino lo que queremos ver, y la magia se desvanece bajo el peso de la razón sin sentimiento por el miedo a lo desconocido. El miedo y la duda corta el flujo instantáneamente


(Beatriz F. del Castillo)



Un caso de sincronicidad:


"Un ejemplo clásico de sincronicidad apunta a un suceso acontecido en la vida del actor Anthony Hopkins. Cuando éste fuera contratado para actuar en la película La mujer de Petrovka, no consiguió encontrar en ninguna librería londinense la novela de George Feifer en la que se basaba el guión. Frustrado y aburrido, se dispuso a tomar el Metro para regresar a su casa. Estaba sentado en la estación de Leicester Square
cuando, de pronto, halló el libro en un banco. Se quedó tan asombrado de su buena suerte que ni siquiera reparó en las anotaciones que el volumen tenía en los márgenes. Dos años más tarde su sorpresa fue aún mayor. Al conocer al autor durante el rodaje del filme, éste le dijo que había perdido su ejemplar anotado. Dicho ejemplar era el mismo libro que Hopkins había encontrado en la estación olvidado sobre un banco."

Fuente: http://mundosoniricos.foroslatin.com/mundo-mistico-y-espiritual-f6/no-existen-las-casualidades-todo-es-sincronicidad-t27.htm

viernes, 16 de abril de 2010

**LIBERARSE DELOS MIEDOS**


El miedo es una emoción negativa, profundamente enraizada en nuestro subconsciente, que bloquea el acceso a nuestros recursos internos y en ocasiones llega a paralizar completamente nuestra capacidad de respuesta.
Las decisiones que tomamos desde la emoción del miedo son pobres y en general erróneas, debido a que nuestra visión se vuelve muy limitada bajo la influencia del miedo.
Lo opuesto al miedo es el amor. Amor y miedo no pueden coexistir al mismo tiempo.
La paz también es opuesta al miedo. El principio espiritual que nos va a ayudar a superar los miedos es comprender que todo lo que creamos y sustentamos en nuestro espacio interior, finalmente va a impactar en el exterior o, dicho de otra manera, va a condicionar nuestro comportamiento, nuestras palabras y acciones.

Por tanto, un principio básico en el proceso de liberarnos de los miedos, es darnos cuenta de que tales como la paz, el amor, no se trata tanto de luchar contra el miedo como de cultivar en nuestro ser espiritual las cualidades originales más puras y elevadas,el silencio y la sabiduría.
Cuando la sabiduría, el amor y la paz llenan completamente nuestro corazón y nuestro ser, en ese momento no hay espacio para el miedo.
El miedo no tiene posibilidad de controlarnos.
Para ello, necesitamos dedicar tiempo de calidad para el ser, tiempo para meditar y para estabilizar nuestra mente e intelecto en la experiencia de la paz y el amor espirituales. Necesitamos expandir estas cualidades en nuestra consciencia y hacerlo de forma regular y consistente, de manera que el impacto de esa energía positiva se exprese cada vez más cuando entramos en el campo de la acción y las relaciones con los demás.
Es importante tomar conciencia de que en nuestro interior somos maestros creadores, y somos plenamente responsables de nuestra creación.
Podemos elegir a cada momento qué pensamientos y sentimientos queremos cultivar y sustentar en nuestras mentes y corazones.
Depende de nosotros alimentar temores y preocupaciones
o crear y sustentar pensamientos llenos de coraje,
de entusiasmo y positividad...


(Brahma Kumaris World Spiritual University)

** JUZGAR NEGATIVAMENTE


JUZGAR NEGATIVAMENTE, DISCRIMINAR, SOPESAR:


- ES NECESARIO, ES JUSTO, ES UTIL?, NOS HACE MEJORES QUE OTROS?


No es necesario juzgar a aquellas personas a quienes amamos, porque todo lo que amamos nos revela sus secretos. Si las amamos, podemos mostrarnos objetivos y no egoístas con ellas -esas son las consideraciones óptimas del amor.


Cómo podemos juzgar con justicia a aquellos a quienes no amamos?
Cómo podemos juzgarlos cuando el desamor nos aísla contra ellos?

Al juzgar nos ponemos en una posición de separación y de exclusión
Y quizás de prepotencia, de aparente superioridad- ; los otros se convierten en objetivos de ataque de nuestras mentes cuando elegimos fragmentos negativos o conflictivos de sus vidas para evaluarlos como si representaran una totalidad mientras desestimamos sus valores y los episodios gratos que han compartido.

La balanza de la justicia tiene dos platos que debemos utilizar
simultáneamente, sin cargarnos hacia un solo lado y evitando desechar aquello que puede establecer el equilibrio y permitirnos una amplia perspectiva. Si nos atrevemos a evaluar los defectos, los errores y las limitaciones de los demás, debemos también acoger sus cualidades positivas, sus aciertos y sus fortalezas.

Cada uno de nosotros puede identificar sus propias limitaciones, sus
errores, su confusión y distorsiones: todas estas condiciones producen
infelicidad, insatisfacción, conflictos, sufrimiento, culpas, lo que nos
indica que estamos actuando bajo los requisitos de nuestros egos.
En cambio, nuestras fortalezas, nuestras cualidades positivas, nuestros aciertos, nos producen satisfacción, estados de paz y armonía, lo que nos indica que obramos desde la sabiduría del corazón.
Cuando cometemos un error y no logramos aceptarlo ni descubrirlo, atraemos otro error al primero; si nos damos a la tarea de justificarnos para defendernos y mantener nuestra posición, agregamos un error más.
Si tenemos la prudencia y la sabiduría de reparar nuestros errores y
nuestros comportamientos disociadores, nuestras relaciones se acercan a la normalidad; mientras no hagamos la corrección que nos corresponde quedamos en deuda con aquellas personas a quienes afectamos con nuestras acciones.

Y lo mismo sucede cuando otras personas nos afectan negativamente, por ignorancia, egoísmo o simplemente por menosprecio -tal vez porque no satisfacemos sus intereses o sus sistemas de creencias-: si no reparan estos comportamientos quedan en deuda con nosotros en sus mentes.
Probablemente la mayoría de los seres humanos hemos juzgado negativamente a otros muchas veces.

Eso nos ha hecho mejores? Nos ha traído bienestar?

Hicimos nuestros juicios porque nos habían afectado a nosotros con sus acciones o fue una inútil y arbitraria intromisión que hicimos en sus procesos de interacción particulares?

Las acciones y comportamientos de todo ser humano parecen inevitables en cada situación: las condiciones de cada personalidad y las condiciones del momento nos llevan a hacer lo que hacemos impulsivamente, aunque haya otras opciones ideales que nos evitaran el malestar y las culpas que después nos acosan.
La vida y los seres vivos estamos esencialmente fusionados. La separación que establecen nuestras mentes no logra deshacer ese nexo profundo que ya está creado en la dimensión del Espíritu
,
donde "todos somos uno".

Si lo entendemos ahora, podemos cambiar nuestros enfoques y relacionarnos en esa unidad. Si no logramos hacerlo porque nuestros sistemas de creencias no lo contemplan así, esa comprensión queda relegada al paso del tiempo porque no podemos evitarla: no hay atajos en nuestra evolución para evadir nuestras relaciones y tareas de vida.
El viajero que recorre la tierra buscando su razón de ser siempre regresa a lo que El es. La meta de nuestras vidas es siempre el retorno a sí mismo, el autoconocimiento que nos trae a la paz. Una vez que el actor abandona el escenario puede recordar su actuación y el papel o los papeles que representa y evaluar sus vivencias.
Desde esa paz que asumimos vemos el mundo en equilibrio. Estar en paz significa sanar la mente y acogernos a los ritmos de la vida.
No es posible esconderse de sí mismo; no hay lugares, ni métodos, ni
opciones para hacerlo.
Todo conflicto y enfermedad que progresan nos dicen que hemos perdido el rumbo. A través de la meditación y la oración podemos de nuevo asumir la autonomía.

Otras personas no pueden hacer esa tarea por nosotros porque no nos es posible anular nuestro libre albedrío ni el de los demás y cada uno debe representar su propia vida.
Todo juicio es una ilusión, una trampa que colocamos en el sendero por donde hemos de pasar de nuevo en la oscuridad.

Toda negación a juzgar negativamente es una protección que nos concedemos a nosotros mismos: nada que lamentar, ninguna deuda por saldar, ninguna corrección posterior que hacer.

( Hugo Betancur -Colombia)