miércoles, 22 de abril de 2009

* SANAR LA VIDA *


La vida es un movimiento de meditación permanente. Alguien me pregunta ¿qué es la meditación?, ¿cual es la fórmula de la meditación?, es muy simple: VIVIR. Porque cuando no estás meditando estás muriendo en términos humanos y cuando tú meditas aprendes.

La ley de la vida es aprender.
Cuando tú te sientes aprendiz eres humilde
y si eres humilde tienes apertura amorosa
y si tienes apertura amorosa tienes cordialidad
y si tienes apertura amorosa más cordialidad tienes empatía,
tienes simpatía, tienes resonancia, tienes comunicación fluida
y tienes paz.


Y no tienes paz porque conquistes la paz sino porque reconoces la paz que hay en ti. Todas las cosas estaban ahí: la paz, el amor, la libertad, la materia, la energía, la información, la conciencia, la perfección. No había que buscar la perfección, acuérdense. Ya éramos perfectos así como éramos. El único problema es que aunque las cosas estaban, éramos nosotros los que no estábamos.

Cuando no somos humanos es porque no estamos en nosotros. Es porque hemos asumido un patrón de identidad falso, porque nos hemos negado nuestra sensibilidad, porque nos hemos negado a movernos interiormente, porque no hemos aceptado conmovernos. Es porque hemos ido al seminario para escuchar la voz del viento pero no permitimos que el viento golpeara nuestra cara en las aceras que nos acercaban a esta sala y sintiéramos el placer del viento. Es tal vez porque sentimos que el día era muy feo pero no comprendimos el lenguaje de los grises y el día esta hermoso cuando es gris. Y el mar es mas hermoso cuando está enojado y la lluvia fresca también es hermosa porque la lluvia ablanda la tierra, porque la lluvia permite el milagro de las semillas y el milagro de las germinaciones, sin la lluvia no existiría primavera.


La vida es como un fuego y ese fuego arde porque hay un leño, hay un leño maduro, hay un leño seco. Cuando Uds. prenden el leño y están frente a la chimenea, y están atentos, escuchan en ese fuego que se eleva la voz del viento y si abren los ojos y no ven el fuego van a encontrar la voz del viento que mueve los árboles, la voz del otoño y las hojas que caen también esta ahí. Y cuando el fuego crece Uds. encuentran la lluvia que se acerca y cuando el madero explota Uds. encuentran el trueno que resuena, de tal manera que ahí en ese leño seco está un resumen de toda la naturaleza, de todos los elementos. Esta la madurez de la tierra, la madurez del viento, del agua, de la tormenta, está el sol y la tierra fecundados en ese fuego y cuando Uds. ven en el fuego de la chimenea no solo algo que los calienta sino un milagro que contiene todas las señales de la vida, entonces empiezan a conmoverse con el fuego y ya no necesitan que el fuego los queme para moverse.

A veces nos movemos cuando la vida nos quema. No es necesario esperar a morir para que la vida nos queme, nos remuerda; no es necesario que la vida nos duela intensamente hasta la destrucción para que podamos despertar.

Despertar a la vida es muy simple:
es reconocer que en una sola cosa están todas las cosas
si la observas desde tu corazón.

En cada cosa están todas las cosas. En cada naranja están todas las frutas, en cada mariposa están todos los vuelos, está el sol, el aire, el paisaje, el silencio, la crisálida, los gusanos, la historia de la evolución. En cada migración está la historia de la conciencia cósmica que se mueve haciendo de cada individuo la célula integrante de un organismo inteligente y grupal. Cuando Uds. ven una mariposa o cientos de mariposas volar, están viendo el gran cuerpo de una conciencia que se mueve, el oleaje de un solo mar. Cada una de las mariposas que migran es apenas una ola dentro de un mar de conciencia colectiva.


Y cuando tú aprendes a mirar así el mundo, conmovido, ese mundo se ve desde el corazón, entonces tú ves en el otro una ola parte de tu mismo oleaje, partícipe contigo del mismo océano de la conciencia. Y aprendes no sólo a tolerar sino a comprender, no sólo a comprender sino a amar. Y vamos pasando por esas distintas fases de la sensibilidad. Sanar la vida es rescatar la sensibilidad. Porque la vida nos regaló sentidos pero los tenemos embotados, porque el estrés nos llevó a refugiarnos en anestésicos y en analgésicos; y volvimos la religión, el conocimiento y la medicina, el arte de embotar los sentidos. Y convertimos la vida en el arte de embotar los sentidos para llegar a la ciencia terrible del no sentir.

Y pensamos que si no sentimos estamos vivos y es todo lo contrario.
Y pensamos que si no nos duele estamos sanos y es todo lo contrario.

Desde el punto de vista médico hay una cosa catastrófica que es el estrés opiáceo, así se llama. El estrés opiáceo es un estrés del que no tienes escapatoria, es algo impredecible para ti, es algo que tu no puedes controlar. Y cuando tu no puedes controlar, cuando no eres dueño de ti mismo, cuando no puedes utilizar tu instrumento el organismo emplea un mecanismo de defensa único y precioso que es liberar opiáceos endógenos, es liberar endorfinas, encefalinas y sustancias análogas de la morfina y de la heroína que conocemos. ¿Porque razón?, porque el cerebro está equipado con receptores para esos opiáceos con el fin de amainar el dolor en los momentos críticos de la vida. Pero una vez que pasa la crisis pasa el estrés. Y has amainado el dolor y has podido sobrevivir.



Sin embargo si tú vives en una crisis permanente, en una reacción de fuga permanente, si tú no encuentras la madre, el padre, esa figura interior en ti, si te expulsan del paraíso y no puedes encontrar un paraíso al interior, no te queda más remedio que fabricar un paraíso artificial, pero no es porque busques la droga fuera, frecuentemente ya estás drogado. Buena parte de nosotros como humanidad no sólo estamos dormidos sino dopados, estamos drogados, tenemos saturados los órganos de los sentidos. Miramos pero no vemos, oímos pero no escuchamos, comemos pero no disfrutamos y no nos nutrimos, hablamos pero lo hacemos desde la memoria y desde el automatismo y no desde la vida, utilizamos un cuerpo sufriéndolo pero no gozamos del cuerpo.

Abrirnos a la vida es abrirnos a la inocencia, a la totalidad del cuerpo,
a ese estado negentrópico de la infancia interior permanente.

El Niño Dios nace en nosotros todos los días y no tan sólo los veinticuatro de Diciembre cuando somos conscientes de nosotros, cuando rescatamos la conciencia íntegra de ser lo que somos, de ser el cuerpo, de ser los deseos, de ser la piel, de ser el alma.

En ese momento estamos renaciendo a la vida, renaciendo a los sentidos pero llenos de sentido. Ya no vivimos para embotar los sentidos y anestesiarlos sino que ya vivimos para abrir los sentidos, para despertar los sentidos, para vivir el dolor encontrando también en el dolor una oportunidad y un sentido. En ese momento, en ese instante, la vida empieza a hacerse significativa.


Hemos perdido el significado, porque hemos perdido la sensibilidad, hemos perdido la sensibilidad porque hemos confundido la salud con la analgesia y con la anestesia y con el bienestar físico, emocional y mental y el estado perfecto de armonía que es el estado perfecto de muerte, porque cuando tenemos un estado perfecto y de armonía ya estamos muertos.

La vida es desequilibrio, es crisis continua, es crecimiento, es un vórtice caótico.
Si no tienes crisis, si no te duele la vida, si no te conmueves,
estas muy grave aunque no te diagnostiquen un cáncer.

Pero si tú tienes un cáncer o una enfermedad terminal terrible y estás despierto y eres consciente de ti y eres consciente de tu crecimiento, de tu dolor y estás aprendiendo la lección así sea dolorosamente, estas terriblemente vivo, mucho más vivo que los muertos autómatas que deambulan por todas las calles de las grandes ciudades del mundo.

Entonces morir o vivir no tiene nada que ver con estados perfectos de equilibrio,
la vida es desequilibrio y el desequilibrio es significativo
si nos aporta su lección que es aprendizaje.


Empezamos a vivir cuando empezamos a aprender, pero empezamos a aprender cuando abrimos las antenas de los sentidos, cuando abrimos los ojos. Tenemos los ojos muy abiertos, pero los ojos del alma están cerrados.

Cuando un hombre despierta el Cosmos abre unos ojos,
el Universo canta en nosotros, está en nosotros,
somos una estrategia de la conciencia universal para aprender.

Dios aprende a través de nuestros ojos.
Dios crea a través de nuestros sentidos, a través de nuestras manos.

El Cosmos se contrae en nosotros y en la vida para expandir su conciencia. Nosotros somos antenas de expansión de la conciencia, pero hemos tenido la expansión y vamos en una infinita contracción, hasta la total negación, porque hemos negado el arte de liberarnos, el arte de entregarnos, el de expirar, el de morir, el de darnos.






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