Buscado un ejemplo en la Naturaleza, hay que volver a retomar el ejemplo de la oruga, que
se introduce en la oscuridad de la crisálida para mutar su ADN,
activando componentes durmientes del mismo, y transformarse en mariposa. Es lo que algunos llaman “tres días de oscuridad”. Pero no será en el exterior, sino un recogimiento interior: una experiencia interior
(no exterior) y evolutiva (no traumática). Que nadie se encarcele
consciencialmente a si mismo esperando fenómenos cataclísmicos
exteriores.
Y en estos tres días de recogimiento, acontecerá la citada conexión
ionogenomática del ADN de los seres humanos que lo vivan a través de las
secuencias fractales en él existentes. Este hecho puede ser descrito
como la “distensión” de sus hebras, como cuando se abre una flor, lo que acelerará la activación de los componentes durmientes del ADN, preparándolos para experienciar la Metamorfosis.
La distensión se deberá tanto a la llegada de energía exterior como a
la Armonía y la Quietud interior que experimentarán los seres humanos
que, recibiéndola, interactúen con ella desde su propio proceso
consciencial. Y permitirá que se liberen componentes del ADN que hasta
ahora se hallaban aprisionados y tensos (coloquialmente, “estresados”),
produciéndose la aceleración de su activación.

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