** El proceso del fallecimiento...
Cuando
llega nuestra hora de abandonar el plano físico, lo primero que sucede
es que el cuerpo etérico, el cuerpo emocional, el cuerpo mental y el
espíritu abandonan, normalmente por la parte de la cabeza, el cuerpo
químico.
En todos los aspectos, en esos primeros momentos, seguimos siendo
“nosotros” al completo, simplemente no tenemos ya un vehículo orgánico
del cual preocuparnos.
A
lo largo de los próximos tres días, aproximadamente, el cuerpo etérico o
vital se irá desintegrando. Se produce lo que conocemos como la primera
desoma, es decir, ha ocurrido la “primera muerte” y dejamos atrás todo
lo que no nos sirve de la parte densa
de
nuestra vida. Puesto que el cuerpo eterico solo sirve de “molde
energético” del cuerpo físico, al no existir este último, el cuerpo
vital tampoco es necesario ya.
Aun así, este cuerpo etérico que posee aun remanentes energéticos de
todas las experiencias vividas por el cuerpo físico las traspasa al
siguiente cuerpo sutil antes de desintegrarse, el cuerpo emocional, de
forma que en este cuerpo emocional llevamos una carga muy importante de
información sobre la parte física y etérica de nuestra anterior
encarnación.
La segunda desoma en el plano astral
Mientras
que la muerte del cuerpo se produce en el plano físico, y la
desintegración del cuerpo vital en el plano etérico, el siguiente paso
del proceso de salida de una encarnación se hace ya en el plano astral.
Aquí
es cuando cruzamos ese “túnel” de luz, y aparecemos normalmente en una
de las regiones de los planos inferiores de este plano astral.
Como todo nivel evolutivo, está dividido en siete regiones principales,
siendo las tres primeras el llamado bajo astral, la cuarta el medio
astral, y las tres siguientes el alto astral.
Aquí,
dependiendo del nivel evolutivo de cada uno, al cruzar y salir del
plano etérico apareceremos en la zona que nos corresponda por frecuencia
de vibración.
En
estos momentos, el espíritu lleva consigo al completo el cuerpo mental,
el cuerpo emocional, y la carga energética/experiencial del cuerpo
etérico, en lo que algunas tradiciones ocultistas denominan el “átomo
simiente”, que vendría a ser algo así como el contenido energético
básico que contiene toda la información del cuerpo sutil en cuestión.
Así, nuestro cuerpo emocional lleva un “átomo simiente” o carga
energética del cuerpo eterico anterior que le servirá al espíritu para
preparar en el futuro el molde físico de su nueva encarnación.
En
estos momentos, ese espíritu, suponiendo que se trate de un alma
“normal” (en el sentido de que no sea un alma errante o de niveles
evolutivos superiores a la 3D, que entonces es otra historia aparte),
pasa por un periodo de revisión de vida, en el cual revisamos y volvemos
a sentir, principalmente porque se hace a través del cuerpo emocional,
todo aquello que nos ha ocurrido en la encarnación que acabamos de dejar
atrás.
Mientras
estamos haciendo está revisión, también el espíritu realiza una
limpieza de aquello que ya no le es necesario, y traspasa toda la
información y carga energética que desea usar de nuevo del cuerpo
emocional al cuerpo mental.
Se produce lo que se llama la segunda desoma, la segunda muerte. En
cursos de proyección astral, se puede aprender también a proyectarse con
el cuerpo eterico a cuestas, con el cuerpo emocional y mental, o solo
con el cuerpo mental.
Cuanto menos “carga” lleves, más “alto” en los planos internos puedes “subir”.
Ahora,
ese espíritu está envuelto solo por el cuerpo mental, y los dos “átomos
simiente” o remanentes energéticos del cuerpo etérico y del cuerpo
emocional de la vida o vidas anteriores, con aquello que ha decidido
mantener para la siguiente encarnación.
La preparación de la nueva vida, el plano mental
El siguiente paso del proceso ocurre en el siguiente nivel de los planos internos, el llamado plano mental.
También
dividido en 7 subniveles, los cuatro primeros se asocian a ideas y
conceptos relacionados con el pensamiento y la mente concreta, mientras
que los tres superiores se asocian a la mente y el pensamiento
abstracto.
De
aquí nacen las fuerzas arquetípicas, los conceptos, las ideas, que
luego caerán hacia el plano físico para tomar forma y manifestarse como
el mundo que conocemos.
Es
en este plano donde también nuestro cuerpo mental realiza una limpieza
de aquello que no es necesario mantener para la siguiente vida y es
donde se empieza a planificar la entrada de nuevo en el plano físico.
De vuelta para abajo...
Así,
una vez hemos visto las diferentes opciones que tenemos, hemos escogido
lugar, línea temporal, fecha de entrada, lecciones principales a
experimentar, misión a cumplir, etc., ese espíritu, revestido solo de un
fino envoltorio que es el cuerpo mental, inicia su descenso al mundo
físico de nuevo.
En
un plis plas pasa por el plano astral, donde se forma de nuevo la nueva
capa que se va a convertir en el nuevo cuerpo emocional que vamos a
tener, usando como semilla para que este germine el remanente energético
que trajimos de la vida anterior (de ahí que le llamen átomo simiente).
Ahora,
en estos momentos, el nuevo espíritu tiene ya un cuerpo mental con la
información sobre su propósito, y un cuerpo emocional recién creado con
los remanentes de las vidas anteriores que no fueron desechados.
El
siguiente paso entonces es crear el cuerpo etérico, así que, con
materia del plano etérico, bajando un nivel más hacia el plano físico,
en otro instante el espíritu se reviste de un nuevo cuerpo eterico, que
posee ciertas reminiscencias de los cuerpos usados en anteriores
encarnaciones.
Este cuerpo eterico marcará como será el nuevo cuerpo físico, hasta el
mínimo de los detalles, de forma que si se planea que ese espíritu tenga
algún “defecto”, es aquí en este cuerpo eterico donde se diseña ese
defecto.
Además,
este cuerpo eterico es el que se proyecta y se inserta sobre el bebe en
formación en el útero de la madre, sobre el nuevo cuerpo físico que ha
de nacer, que a su vez trae la configuración genética heredada de los
padres.
Si un cuerpo físico tiene un defecto genético heredado, pero el espíritu
no considera oportuno manifestarlo, el cuerpo etérico no lo incluirá en
el “molde” y ese defecto no se manifestará.
Si
ese cuerpo físico no trae ningún “defecto” pero el alma necesita alguna
disfunción para su aprendizaje, se incluirá en el molde y ese cuerpo
físico que ha de nacer lo manifestará.
Así,
en ese momento, cuando el nuevo ser humano nace, tiene un cuerpo físico
creado por la configuración genética de los padres, un cuerpo eterico
resultado de las decisiones del espíritu para la nueva encarnación y con
la carga remanente que ha permanecido de los anteriores cuerpos físicos
ocupados, un cuerpo emocional nuevo que trae los remanentes energéticos
de lo vivido en las últimas vidas y lo que se considera necesario para
esta, y un cuerpo mental que trae consigo las instrucciones, planes
evolutivos, lecciones, misión, etc. que habrán de ejecutarse para ese
espíritu, que está entonces recubierto, encarnado, en un nuevo bebe, y
que inicia una nueva aventura en el plano físico.
Fuente: Maestro Viejo
No hay comentarios:
Publicar un comentario